Ciudad de México, 15 de julio de 2026 — Cuando terminó la fase mexicana de la Copa del Mundo, el balance turístico dejó más preguntas que certezas. El gobierno insiste en que el país registró el mayor crecimiento turístico entre las tres naciones sede, mientras hoteleros, transportistas y organismos privados sostienen que la avalancha de visitantes prometida nunca llegó a las calles.
Lo que se prometió y lo que se obtuvo
Antes del silbatazo inicial, la Secretaría de Turismo (Sectur) proyectó una llegada de 5.5 millones de visitantes adicionales y una derrama cercana a los 60 mil millones de pesos, cifras que la dependencia repitió en discursos y campañas de promoción. Calificadoras como Moody’s se distanciaron pronto de ese optimismo: la agencia calculó que apenas 768 mil personas visitarían las tres sedes mexicanas —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey—, de las cuales solo alrededor de 247 mil serían extranjeros, una fracción de los más de 2 millones de turistas mundialistas que había anticipado el gobierno.
La realidad, según mediciones posteriores, terminó más cerca del escenario conservador. De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), citadas por medios especializados, al país llegaron alrededor de 850 mil turistas durante el Mundial, muy por debajo del 5.5 millones que había estimado el gobierno. Antonio Cosío, presidente del organismo, cuestionó directamente la metodología oficial y señaló que las cifras del gobierno resultaron demasiado optimistas frente al desempeño real registrado en el territorio.
Un estudio conjunto del propio CNET y el Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible (STARC) de la Universidad Anáhuac Cancún fue más allá: el incremento neto de turistas internacionales atribuible al torneo habría sido de apenas 175 mil personas, un número marginal frente a la magnitud de las promesas iniciales.
Ocupación hotelera: la aguja no se movió
El indicador que mejor retrata la brecha entre expectativa y realidad es la ocupación de cuartos. Según el mismo estudio de CNET y STARC, la ocupación hotelera bajó respecto a junio de 2025 en las tres sedes: Ciudad de México cerró en 56.5%, dos puntos menos que un año antes; Guadalajara registró 56%, siete puntos por debajo; y Monterrey llegó a 53.5%, con una caída de casi seis puntos.
El sector privado calculaba escenarios distintos. De acuerdo con datos usados por el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), la capital abrió el torneo con una ocupación de 65%, cuando los modelos más conservadores del propio sector anticipaban entre 80% y 100% para los días de partido. Guadalajara, por su parte, registró su peor primer cuatrimestre desde 2022, de acuerdo con Anglard Cervantes, coautor de la ponencia que el IMEF presentó sobre el tema.
Fuera de los estadios, el golpe fue todavía más visible. Terminales de autobuses que se prepararon para una oleada de visitantes reportaron una actividad prácticamente idéntica a la de cualquier junio, con predominio de pasajeros habituales y escasa presencia de extranjeros, lo que confirma que el repunte se concentró en zonas y fechas muy puntuales y no se distribuyó por el país.
Tres sedes, tres países: un formato que recortó las visitas
Parte de la explicación, según reconoció la propia autoridad turística, está en el diseño mismo del torneo. La secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, admitió ante representantes de la industria que el Mundial 2026 resultó atípico por repartirse entre México, Estados Unidos y Canadá, lo que rompió el patrón clásico del aficionado que permanecía hasta dos semanas siguiendo a su selección. México albergó apenas 13 de los partidos del torneo, concentrados en junio y con un único cruce de octavos de final ya en julio, lo que redujo el tiempo de estadía y empujó a muchos visitantes hacia itinerarios fragmentados entre distintas sedes del certamen.
Precios, seguridad y una experiencia no muy atractiva
Varios especialistas del sector turístico apuntan a que el propio mercado se disparó contra sí mismo. Armando Bojórquez Patrón, presidente de la Asociación para la Cultura y el Turismo en América Latina (Actual), atribuyó buena parte de la floja demanda al encarecimiento anticipado de tarifas: hoteles y boletos subieron de forma agresiva antes del torneo, y algunos establecimientos llegaron a cuadruplicar precios antes de verse obligados a corregir a la baja para intentar atraer visitantes.
A ese “efecto tarifario” se sumaron alertas de viaje emitidas por autoridades estadounidenses sobre la seguridad en Jalisco, Nuevo León y la capital, además de protestas registradas en el Centro Histórico capitalino antes de la inauguración. Coautores de la ponencia del IMEF resumieron el fenómeno como un evento que funcionó más como espejo que como catalizador: expuso con claridad la especulación tarifaria que aleja al viajero de largo alcance, la infraestructura de movilidad inconclusa y un modelo de planeación que confunde el tamaño del evento con la certeza del beneficio.
Crecimiento a pesar de todo
El gobierno federal sostiene una lectura distinta. Sectur ha insistido en que México fue el país sede que más creció en turismo entre enero y abril de 2026, con un incremento de 5.5%, por encima de Canadá y en contraste con la caída registrada en Estados Unidos. La dependencia también reporta ocupaciones hoteleras promedio de entre 65% y 75% en las sedes, con picos de hasta 85%-90% en días de partido, y sostiene que el flujo de junio superó los 10 millones de visitantes internacionales, aunque esa cifra incluye la totalidad del turismo nacional e internacional del mes y no solo al público futbolero. Voceros gubernamentales han rechazado abiertamente la narrativa de “fracaso” y reivindican el desempeño de México frente a sus dos socios organizadores.
¿Fiasco turístico o espejo de un problema estructural?
La discusión de fondo, según economistas y organismos como el IMEF, no es solamente cuántos visitantes llegaron, sino cuánto valor económico terminó quedándose en el país. Bajo esa lógica, el Mundial no habría generado una ganancia extraordinaria, sino que dejó al descubierto fallas que ya existían: tarifas especulativas, movilidad inconclusa y una planeación turística que apostó más al tamaño del evento que a la certeza del beneficio. Analistas como Francisco Madrid, del STARC Anáhuac, matizan el balance al señalar que, más allá del número de turistas, el torneo le dio a México una exposición internacional relevante después de años de bajo presupuesto federal para promoción turística.




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